Whatsapp y las notas de audio. De vuelta a la oralidad

Pablo 30 diciembre 2014 0


mensajesdevoz

Desde su aparición con Messenger la actividad del chateo no ha dejado de electrizar cualquier clase de usuario, fuera este adolescente o mayor, hombre o mujer, burgués o proletario. Y ni hablar de los sms, que en los noventa resultaron ser una verdadera revolución en el ámbito de las comunicaciones: gastar enormes cantidades de dinero enviándose infinidades de mensajes cuyo contenido se podría resumir en Nos vemos a las 20..00 horas frente al cine, no parecía una actividad sin sentido, sino una verdadera inmersión en las increíbles posibilidades ofrecidas por la masificación del teléfono celular. Saltando a la actualidad todos sabemos que la última frontera del conversar con breves mensajes de texto es ofrecida por el más que famoso WhatsApp con su doble check.

Pero no es este el punto (que ya se ha discutido muchísimo). El punto es que a medida que ha ido evolucionando, el chateo ha desarrollado un idioma propio que se ha acercado cada año más a una forma de oralidad escrita (abreviaciones, descuido de la puntuación, expresiones jergales, emoticons); y es el mismísimo WhatsApp que nos lo confirma: es siempre más común que los usuarios se comuniquen a través de notas de audio que la aplicación permite enviar tras la presión de un simple botón. Hecho este que elimina completamente la obligación  indispensable de tener, aunque sea mínimo, aquel cuidado que se necesita a la hora de escribir. Los audios de WhatsApp nos devuelven, en cambio, un mundo armado alrededor de  una tradición oral que comporta por un lado una mayor grado de sinceridad e inmediatez en las relaciones humanas, pero por otro un indudable descuido e una marcada imprecisión en los relatos, grandes y pequeño, que construyen nuestros nexos interpersonales.

Pero, por otro lado, hace falta subrayar como WhattsApp , y en particular sus notas de audio, se puedan considerar una entre aquellas comodidades de las que presumimos en nuestra existencia diaria. Pequeñas cosas que nos ahorran un desperdicio de tiempo y un agobio más en una vida ya bastante llena de apuro. Tal vez haya que sacrificar determinadas cosas, como ciertas relaciones escritas, para alcanzar otras, como una comunicación masificada y (casi) gratuita.